Desde hace más de veinte años, un numeroso grupo de embarcaciones se encargan en la costa andaluza de vigilar qué se pesca y cómo se pesca. Nosotros, ya que es nuestra zona, nos centraremos en la provincia de Cádiz, que por cierto es la provincia más compleja de todas, porque su litoral abarca la confluencia de dos mares, el Mediterráneo y el Atlántico. Y cada uno de ellos tiene unas normas. Y por si fuera poco, en medio tenemos el Estrecho de Gibraltar. Si a eso le sumamos que es la provincia con una flota más numerosa y más variada de toda Andalucía, podemos decir que los inspectores de pesca de la Junta de Andalucía, tienen trabajito de sobra.
Y es que no sólo se encargan de vigilar a los que pescan de manera ilegal, es que también controlan a los legales, en el sentido de comprobar que llevan toda su documentación en regla. Son como los de tráfico, pero en la mar.
En cada una de esas embarcaciones viaja a bordo una tripulación para acompañar al inspector. Nosotros hemos conocido a Antonio Viejo. Hay cinco en la provincia de Cádiz y se van rotando según los turnos, así que se conocen todo el litoral como la palma de su mano, que va desde Punta Chullera hasta Sanlúcar.
Los pescadores están habituados a su presencia. Quienes tienen todo en regla no tienen nada que temer. Así que, como es lógico pueden hacer su trabajo con tranquilidad. Eso ahora, claro, porque hace unos años según dice Antonio “había una problemática abismal. Al principio las embarcaciones no tenían de nada, ni folio, ni identificación, .. y gracias sobre todo a que se ha renovado la flota pesquera, se ha conseguido trabajar en la legalización.Antes faltaba documentación por todas partes, era casi imposible identificar a un armador, al patrón, .. y para eso hoy, ya no tenemos problemas”.
De hecho, confirma que las irregularidades en la actividad pesquera han desaparecido prácticamente.
Aún así, ellos tienen que hacer su trabajo. Paran a cualquier pesquero que esté trabajando en la zona y le piden toda la documentación, si tienen cualquier duda sobre este tipo de controles se les ofrece la información necesaria y todo dentro de una relación de cordialidad que dista mucho de las complicaciones del pasado.
Cuando se bajan a un barco, además, tienen que medir las redes que lleven a bordo, así como comprobar el tamaño y peso de las especies que hayan capturado para ver si cumplen la normativa pesquera que impone una serie de medidas mínimas para cada una de ellas.
Pero eso no es todo.
No están todo el día navegando. Su trabajo también se traslada a tierra. Por ejemplo a las lonjas pesqueras donde también comprueban medidas. Por cierto, ¿se acuerdan de aquella famosa campaña que decía “Pezqueñines, no gracias“?, pues bien, se enmarque dentro de estas exigencias que deben tener en mente no sólo los pescadores, sino los que luego se encargan de comercializar el producto. Por eso, además de recorrerse las lonjas pesqueras (por cierto en Cádiz hay diez. Es la que más tiene de toda Andalucía), se van a los mercados de abasto, supermercados, a los mercas y atención, también se van a la carretera, acompañados de la guardia civil, en concreto con los agentes del SEPRONA, los del servicio de protección de la naturaleza, para controlar que los traslados del pescado se hagan con unas garantías y de paso, también se comprueba como en el mar, cómo son de pequeños o de grandes, los peces que llevan hacia nuestras tiendas.
En el balance que ha hecho la delegación provincial de agricultura y pesca de la Junta de Andalucía de esta inspección pesquera relativa a 2008, se exponen las cifras que nos hablan de cuántas irregularidades se han detectado. Por ejemplo, el año pasado se intervinieron más de cuatro toneladas de peces, moluscos, crustáceos inmaduros, o sea, lo que decíamos antes, los “pezqueñines”, o también los que pudieran estar en mal estado o que no contaran con la documentación reglamentaria.
También se llevaron ciento diez unidades de artes, aparejos y útiles de pesca que no eran correctas o que simplemente se estuvieran utilizando en el sitio que no se deben usar.
Por cierto, las actuaciones de estos inspectores se igualan en el mar y en tierra. Por ejemplo, en el mar se realizaron ciento setenta y nueve inspecciones, sólo dos más de las que se desarrollaron en los mercados. En lonja se hicieron trabajos en casi cien ocasiones y en carretera, treinta y nueve.
Andalucía es junto con Galicia una de las comunidades pioneras en este tipo de inspecciones, que en definitiva, benefician a todos, porque el control a los que lo “hacen mal”, resulta positivo para los que cada día, se levantan para hacer su trabajo lo mejor posible y respetando las normas.

