Tiene cinco meses y no lo puede saber. Cuando crezca comprenderá que no sólo tiene un hermano, sino que él nació para salvarle. Se llama Andrés, tiene siete años y ya dice que quiere ser hematólogo.
Seguro que ustedes han oido hablar de la historia del matrimonio que componen Soledad y Andrés hasta la saciedad. Pero cuando es una historia de estas características da gusto escucharla de nuevo. Son de Algeciras, pero desde hace mucho, son un poco de Sevilla y más del hospital Virgen del Rocío, donde en Enero se realizaba el transplante del cordón umbilical que permitirá a este niño de siete años, Andrés, tener una vida de calidad, después de que a los pocos meses de nacer se le detectara una anemia congénita severa que le condenaba a permanentes transfusiones de sangre y una vida que se recortaría si nadie lo remediaba.
Eso lo ha hecho Javier, este bebé héroe. Aunque quienes lo han hecho, han sido sus padres, Soledad y Andrés, una pareja de Algeciras que se sorprenden de haberse convertido en famosos por un tema, en teoría tan personal y tan íntimo. Decidieron concebir a este nuevo niño para salvar a Andrés: es nada más y nada menos, el primer bebé de la Seguridad Social, libre de tara genética y capaz de curar a su hermano mayor mediante las células madres de su cordón umbilical.
Y para ello, se hizo desde luego, una selección, una BENDITA SELECCION, de embriones a la que tanta iglesia se opone porque “así, se mata”. Esta polémica estarán cansados de escucharla, pero no por eso, se rebaja el nivel de indignación que muchos sentimos ante afirmaciones tan gratuitas que parten de una institución que en teoría no debe saber qué es concebir un hijo, “hacerlo nacer”, criarlo y sobre todo, que en Africa va diciendo que el preservativo no es una prevención contra el SIDA.
Señores, por favor, son ustedes unos vándalos de la oratoria, unos despreciables seres que hablan de lo que no saben, que viven de una palabra que esconde engaño, que predica la austeridad y la bondad, mientras su alta esfera vive enclaustrado en palacios de los que solo salen para manchar la dignidad y las ganas de vivir a la gente y sobre todo, para manchar el derecho de unos padres a no dejar morir a su hijo. ¿Van ustedes a comparar un embrión con un niño de siete años que conoce más los pasillos de un hospital que una calle llena de juegos?
El cinismo que esconden sus discursos hace vomitar. No me cansaría de llenar páginas, espacios, millones de textos diciéndoles cuánto me abochorna pertenecer a la misma clase humana que se supone, compartimos. Afortunadamente, estoy convencida de que la iglesia no son todos los curas, no son todas las personas que SÍ están en la calle conociendo las miserias y las desgracias de sus fieles, los que opinan de esta manera. Supongo que no podrán manifestarse abiertamente sobre el tema, porque esto al final, es como un partido político del que te expulsan cuando opinas diferente. Así que les digo a aquellos que dentro de esta institución no pueden dar su opinión, que de alguna forma, les comprendo, no lo acepto, pero puedo “comprenderles”, algo.
Si no, podrían proponer a sus gerifaltes o a alguno de ellos, que vayan a la casa de Andrés y Soledad en Algeciras, y que frente a frente, se lo digan en sus caras. No creo que tengan entonces, ese valor y ese sacrificio que tanto utilizan como concepto en sus sermones. Miren a los ojos de Soledad, miren a los ojos de Andrés padre y díganles que han hecho una barbaridad, que han cometido un crimen al seleccionar embriones.
Pero lo que deben hacer es mirar a los ojos de Andrés junior y decirle: Hijo, no te queda más remedio que aguantarte y morirte porque eso de seleccionar está fatal. Es mejor que vayas olvidando eso de ir al cole, eso de jugar en la calle, eso de reirte, eso de tener fuerza para correr, eso de pasártelo bien porque simplemente eres un niño,…
Eso, “que venga Dios y lo vea”, y que lo escuche. Si alguno de ustedes es capaz de decirle eso a este niño o a cualquiera de los que están a la cola para someterse al mismo transplante, llámenme, porque quiero presenciar ese momento.
Parece mentira que hayan nacido de una madre. En eso, lo siento, no les queda más remedio que parecerse a nosotros, los ciudadanos de a pie, a los que curramos cada día y a los que decimos de verdad lo que nos duele y lo que nos hace sufrir.
Creo que me he extendido más de lo necesario para dirigirme a ustedes, porque en realidad, esto no es una noticia, porque ya se ha publicado en miles de páginas. Sólo quería unirme a una felicitación multitudinaria que estos días ha llenado periódicos, ondas y pantallas de televisión para este valiente matrimonio. Porque incluso, hasta con desesperación y desesperanza es difícil enfrentarse a una posible solución.
Sinceramente, les admiro, os admiro Soledad y Andrés y os deseo lo mejor.
Me sigue emocionando la viñeta que estos días también vimos en la prensa, en la que Andrés-hijo descansaba, con un único poster en las paredes de su habitación. El de Javier con su chupete incluido. Junto a la cama de Andrés, en la papelera, aparecen el resto de posters que Andrés ha retirado de sus superhéroes, los Spiderman y Superman de toda la vida.
Y es que Javier será para siempre su héroe. Son hermanos como otros muchos niños en el mundo, pero a ellos no sólo les une la sangre, sino las ganas de vivir y de hacer vivir que todos tenemos cuando sabemos que la vida es tan bonita.
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