En una sola mañana, en la del lunes 21 de Septiembre, han intentado alcanzar la costa de Tarifa tres embarcaciones de juguete tipo “toy”, de esas con las que juegan los niños a la playa. Pero en esta ocasión, con inmigrantes a bordo. Nada más y nada menos que tres en una mañana. Dos han sido interceptadas por la guardia civil antes de llegar a Tarifa y la tercera ha sido llevada a Ceuta. En total, sumaban dieciséis pasajeros.
No es nada nuevo que los inmigrantes intenten lo imposible para intentar llegar hasta esta costa que ven tan cerca desde Marruecos, pero llama poderosamente la atención, la cantidad de barcas de este tipo utilizadas en un período tan corto de tiempo.

Esta es una de las barquitas
La semana pasada el tema fue aún más grave, porque en una de esas embarcaciones viajaban seis
menores. Seis chicos sin compañía de ningún adulto. Según contaba la Cruz Roja, tenían entre catorce y dieciséis años. Eso era lo que decían los chavales, pero Daniel Iglesias portavoz de esta institución en Tarifa aseguraba que dos de ellos, podrían tener entre siete y diez años. Que locura.
Algo está pasando y realmente la explicación puede ser tan simple como la económica. Son baratas y de hecho, seguro que todos las compran en el mismo sitio. Cuesta creer que un grupo de personas se atrevan a cruzar el Estrecho en una embarcación aunque su motor sea de baja potencia,
pero en estas barcas de juguete es ya demasiado increíble. Da igual. Van a remo, se ayudan de sus propios brazos, algunos bajan al agua, se agarran a la balsa y ayudan a empujar y las aguas del Estrecho no son calentitas precisamente y menos con poniente, tal y como ocurría la madrugada en la que llegaron las tres.
El tema de la inmigración puede resultar manido ya a nivel informativo porque se ha visto de todo, bueno y sobre todo malo, con desgracias espectaculares, con víctimas mortales, como la que el pasado sábado intentó cruzar y naufragó, con ocho muertos -al menos ese era el recuento hasta esta
mañana-, siete de ellas mujeres y una de ellas embarazada (once han sobrevivido, pero cuentan los propios protagonistas que podrían viajar en la embarcación hasta sesente personas).
Pero vamos a dejar el plano informativo de las cifras, el que manejamos los medios de comunicación,
que contamos este tipo de cosas como un simple y frío recuento… tantas personas, tantos varones, tantas mujeres, tantos niños, tantos muertos, casos de hipotermia…, en fin lo que tenemos que decir una y otra vez en forma de crónica de radio, pieza de televisión o artículo en prensa.

Carlos Torres, cámara de Canal Sur TV tomando imágenes de las barcas
Pero es que llevamos muchos años enfriándonos con este tipo de noticias. Ya no afectan. La gente ve el informativo cuando llega a casa mientras come y ya no afecta cuando escuchan aquello de “ha llegado un cayuco con sesenta personas”, “ha naufragado una lancha neumática, se han recuperado tantos cadáveres y se busca a tantos inmigrantes”. Dejamos de percibir la gravedad de la historia, olvidando que cada una de estas personas, tiene una vida, unas circunstancias. Estamos tan acostumbrados, tan calentitos, tan cómodos sentados ante nuestro plato de comida que ya como mucho lanzamos para nuestros adentros un “buf, dios mío” y nuestra vida sigue y desde luego tiene que seguir, pero lo grave es que ya no impacta y la gente ya no se para a pensar por qué son capaces de hacer lo que hacen, por qué seis niños se montan en una barquita de plástico y cruzan el Estrecho de noche.
Hace años creo que a mucha gente se le revolvía el estómago cuando escuchaba este tipo de noticias, hoy estamos inmunizados ante tanta tragedia y tan cercana en realidad. Porque la gente no se da cuenta de que ya hay muchos inmigrantes viviendo entre nosotros, son ciudadanos como nosotros y muchos están aquí después de haber cruzado en patera de manera irregular.
Me resisto a decir persona ilegal, porque ninguna persona es ilegal ( es diferente a decir que su situación es irregular, lo que pasa es que la rutina informativa nos lleva a utilizar términos y expresiones de manera gratuita, por aquello de la rapidez a la hora de informar y de resumir para que todo sea más “comprensible” )y los medios de comunicación siguen titulando con aquello de “han llegado a la costa de tal o cual, treinta y cinco inmigrantes ilegales”.
No es nada nuevo lo que estoy diciendo, lo que estoy contando pero no por ello puedo evitar dejar de repetirlo. Porque es que ya vienen en esas barquitas de juguete que se regalan a nuestros hijos para que se den un paseíto junto a la orilla de la playa. Es todo tan surrealista que tras la desesperanza llega la tristeza por la incomprensión hacia quienes hacen estas barbaridades para irse a otro lugar mejor. Y da igual SIVE (Servicio Integral de Vigilancia en el Estrecho) y miles de controles que haya.
Seguirán viniendo, como sea y por donde sea.
Bloquear o blindar el Estrecho da igual, la imaginación unida a la necesidad hace imparable que dejen de llegar. Se inventarán otras maneras, otras fórmulas, otras rutas …. seguirán llegando… y en la prensa se seguirá contando lo mismo.